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Para sumarse al boom del running no hay límite de edad

Que el running es tendencia no es ninguna novedad. Pero quién sabía que la generación que ya cumplió 60 también lo practica. Por prescripción médica, por hobby o por pasión, “los adultos mayores”, profesionales y universitarios, también corren. Sin planes de jubilación a la vista, viajan, entrenan y comparten el aire libre con amigos y familiares.
Nacidos a mediados del siglo XX, ya formaron una familia y se instalaron en el ámbito laboral. Aunque sus nidos están vacíos siguen activos y plenos, con ganas de correr y desafiarse. Las historias que cuentan indican que no hay edad para empezar. Susana Lancelotti, una médica psiquiatra de 67 años que empezó a correr hace tres, dice: “Lo único que tenía pendiente en la vida era el deporte. Como mi hermano corría hace varios años, mi marido y yo nos sumamos a su equipo. Desde entonces nos cambió la vida. Tenemos un grupo de amigos nuevo, hacemos escapadas de fin de semana para correr carreras de montaña o entrenar y estamos más tiempo al aire libre”.

Elisa Forti que con 79 años trabaja a la tarde en el consultorio de kinesiología de su hija, cuenta: “Siempre hice deporte, pero a correr empecé recién a los 72. Para mí el deporte depende de uno, el desafío es propio”. Con la experiencia de haber hecho el Cruce de los Andes en enero de 2013, explica: “Me encanta correr porque me llena el ego, pero además me acerca a la naturaleza y al ser humano”.

Según el Departamento de Clasificación del Club de Corredores, una de las empresas argentinas que organiza carreras de aventura y de calle, en promedio el 2.7% de los inscriptos son mayores de 60 años. Similar es la estadística de TMX Team, su principal competidora, para quien tan sólo el 2,5% del total superan los 60.

Muchos dicen que arrancaron por temas de salud o estética. “En enero de 2003 tuve cáncer, dos operaciones y seis ciclos de quimioterapia. Cuando terminé el tratamiento tenía 8kg de más por los corticoides. Entonces la oncóloga me indicó actividad física intensa para evitar quedar con movilidad reducida. Por eso empecé con la cinta hasta que logré aguantar media hora seguida y me fui a Palermo con un grupo del gimnasio”, cuenta Irma Briasco una docente universitaria de 58 años.

Similar es el caso de Eduardo Frechou, un abogado de 64 años, divorciado y con dos hijos, que empezó a correr hace tres porque pesaba 96kg y el médico le dijo “así no va más”.

Otros cuentan cómo gracias al running cambiaron sus hábitos y costumbres. Es el caso de Eduardo Lucita, un economista de 72 años: “Empecé a correr a los 57. Antes nunca había hecho deportes formalmente. En esa época tenía dos trabajos, comía un sanguche y un yogurt mientras manejaba de un lugar a otro, luego tomaba un café y listo. Además fumaba, tenía taquicardia y dormía mal. Por ese entonces mi hermano, que siempre hizo deportes y hasta entonces había vivido en el campo, se mudó cerca. Se levantaba muy temprano y venía a casa cuando yo estaba recién despertando, me sacaba a caminar hasta que un día me hizo correr 10 cuadras. A partir de entonces no paré.”

Como tantos jóvenes, Jorge Saló, un profesor de historia de 68 años, buscó en el running una actividad para desestresarse y disfrutar. “Me decidí a empezar porque estaba atravesando una situación de mucha tensión emocional”.

Nostálgico, Eduardo concluye: “Cuando empecé a correr todo era mucho más amateur. Corrías con tu propia ropa y a lo sumo te ganabas una camiseta de running por el hecho de llegar. Hoy todo es más comercial. Hay mucho marketing y es un gran negocio”. Sin embargo, agrega: “Lo que sin dudas es inocultable es que cada vez corre más gente y eso es bueno”.

Algunos testimonios alentadores:

Eduardo Lucita (72): “Cuando empecé a correr todo era mucho más amateur. Hoy es más comercial, hay mucho marketing pero también es inocultable que cada vez corre más gente, y eso es bueno”.

Irma Briasco (58): “En la primera salida el profesor nos dijo que íbamos a dar una vuelta por Aeroparque y como tenía miedo de no aguantar me llevé plata en la zapatilla para tomarme un taxi. Pero aguanté y a los pocos meses corrí mis primeros 7km. Hoy estoy preparando mi segunda maratón de montaña y tengo como objetivo mejorar mis tiempos”.

Elisa Forti (79): “En Salta se me acercó un muchacho que me abrazó y me dijo: Hace un año estaba tirado en la cama haciendo zapping, te vi en una carrera y me dije si esa señora corre, por qué yo no; y gracias a eso hoy es la primera carrera en la que participo. Eso me emocionó mucho, sentí que serví para algo”.

Susana Lancelotti (67): “El año pasado teníamos planeadas unas vacaciones familiares en Francia y a mi marido se le ocurrió que nos podíamos organizar para que yo corriera lo 10km de Mont Blanc. Fue un sueño cumplido, un regalo hermoso de la vida”.

Eduardo Frechou (64): “En la primera carrera que hice, de 3km, cuando me faltaban todavía 300 metros para llegar me pasaron los punteros de la categoría de 10km. ¡Un papelón! Pero lo importante fue seguir y terminarla”.

Por Julieta Bilik

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